la eucaristía: lo más grande, lo más sagrado.


Los santos padres      

SANTO PAPA PÍO X

"En el momento de recibir la Sagrada Comunión, uno debe po­nerse de rodillas."

PABLO VI

La Comunión en la mano comenzó en Holanda en 1965/66 como resultado del cuestionamiento de algunos laicos respecto a la verda­dera presencia de Jesús en la Hostia Consagrada. El Papa Pablo VI, en la encíclica Mysterium fidei, rechazó la "Comunión en la mano", co­mo se la llamaba, como una "opinión falsa ya desparramada". A par­tir de entonces, el papa Pablo VI pidió a los obispos holandeses que escribieran a todos sus sacerdotes y "les dieran directivas para que volviesen, nuevamente, a la manera tradicional de recibir la Sagrada Comunión". Ninguna de estas instrucciones fue difundida por los obispos holandeses, y los sacerdotes de Holan­da permanecieron sin ser censurados o castigados.

En 1969, el número de obispos - siempre creciente - que fomen­taron la Comunión en la mano (entre ellos, Alemania, Francia y Bél­gica) solicitó al Papa Pablo VI que les otorgara un permiso especial para entregar la Comunión en la mano, y así poder "sancionar la de­sobediencia". Luego de luchar todo lo posible, el Papa pareció acceder, y en 1969, en varias conferen­cias de obispos donde se había impuesto la manera no tradicional de recibir la Sagrada Comunión (desobedeciendo), el papa Pablo VI otorgó un' "permiso especial" que permitía la Sagrada Comunión en la mano. Este "permiso especial" fue otorgado solamente a "ciertas comunidades y ciertos pueblos", y no a todas las diócesis, ni tampo­co "como una costumbre". Por lo tanto, su inmersión y difusión en tantos países es confusa, errada e inválida. El permiso limitado que el Papa Pablo VI otorgó, fue otorgado bajo presión y en condiciones engañosas. ¿Queda alguna duda en la expresión que utilizó al decir que el "humo de Satanás" había entrado en la Iglesia?

A fin de erradicar la creciente "costumbre en la desobediencia", el Papa (también en 1969) se dirigió a toda la Iglesia, y advirtió seria­mente (vehementer hortatur) de los peligros de la Comunión en la mano, y aconsejó "por el bien de la Iglesia misma" que todos los obispos, sacerdotes y laicos se adecuaran a la manera, nuevamente confirmada, de recibir la Sagrada Comunión en la lengua. Esta ad­vertencia, y las siguientes, todavía rigen al día de hoy.

La Carta del Papa (Dominicae cenas) a todos los obispos y sacer­dotes del 18 al 22 de octubre de 1968, y 29 de mayo de 1969, incluye: "En razón del estado de la Iglesia en su totalidad, hoy en día, debería practicarse esta forma de distribuir la Sagrada Comu­nión (en la lengua), no sólo porque se sustenta en la tradición de mu­chos siglos, sino especialmente porque es un signo de reverencia de los fieles hacia la Eucaristía. La práctica de la Sagrada Comunión en la lengua de los comulgantes de ninguna forma disminuye su digni­dad. Esta forma tradicional de administrar la Comunión asegura que ella es recibida por los feligreses con reverencia, decoro y dignidad."

Si­gue a continuación una cita en la que se manifiesta claramente la es­tricta limitación a esta tolerancia: "Sin embargo, en el caso de que la práctica opuesta, (haciendo referencia a suministrar la Sagrada Comunión en la mano) ya se hu­biera propagado en todas direcciones, la Cabeza de la Iglesia, a fin de aliviar la tarea de la oficina pastoral - que en la actual situación cada vez es más difícil - debe instruir y es responsable de considerar las condiciones especiales en cada caso, siempre y cuando se dejen de lado los peligros de deterioro de la reverencia y aumento de fal­sas opiniones acerca de la Sagrada Comunión, y se eviten las defi­ciencias al ser suministrada."

El Memoriale Domini es el único documento donde se puede en­contrar una tolerancia a la Comunión en la mano; sin embargo, el que allí se mencione, ¿cambia en forma alguna la manera en que se forzó a la Iglesia a permitirla?

En 1975, el arzobispo Annibale Bugnini, autor del libro Liturgical reform (Novus ordo missae), respetado experto litúrgico y consejero del papa Pablo VI, fue removido por éste cuando quedó expuesta su afilia­ción masónica. Bugnini, al tratarse el tema de la comunión, exageró categóricamente la opinión de la minoría, y restó importancia a la opinión de la gran mayoría. Bugnini aconsejó al Papa con grandes distorsio­nes sobre este tema. El daño ya estaba hecho, y todo el catolicismo caminaba rum­bo a debilitarse como consecuencia de esta traición.

PAPA JUAN PABLO II

El misterio y el culto de la Sagrada Eucaristía, por el Papa Juan Pablo II. Carta del Papa (Dominicae cenae) a todos los obispos y sa­cerdotes, 24 de febrero, 1980. La carta incluye: "¡Con qué elocuencia, en nuestra ordenación en latín, el rito de los sacerdotes de ungir las manos expresa la necesidad de una gra­cia especial y un poder del Espíritu Santo para las manos de los sa­cerdotes! Tocar la Sagrada Eucaristía y distribuirla con las propias manos es un privilegio de las personas ordenadas.

También en Regalo inestimable (Inaestimabile donum) en algunas normas relativas al culto del Misterio Eucarístico, por el Papa Juan Pablo II. Sagrada Congregación para los Sacramentos y la Alabanza Divina (Jueves Santo) 3 de abril, 1980. Incluye: "La Sagrada Eucaristía es el regalo del Señor. Debería ser distri­buida a los laicos mediante la mediación de sacerdotes católicos orde­nados especialmente para esta tarea. A los laicos no les está permiti­do tomar la Sagrada Eucaristía ni el Cáliz Consagrado, ellos mismos."

Transcurridos 11 años de Comunión en la mano, Juan Pablo II expresó: “En varios países la Comunión en la mano se ha vuelto la norma. Al mismo tiempo, las voces que expresan la falta de reverencia a las formas eucarísticas se están haciendo más fuertes”.En Alemania, también en 1980, el Santo Padre expresó: "Pero digo que no puedo estar a favor de ella (la Comunión en la mano), ni tampoco puedo recomendarla."

Alguien puede pensar que se ha visto al Pa­pa distribuir la Sagrada Comunión en la mano en alguna ocasión. Esto es cierto. Sin em­bargo, cuando el Santo Padre distribuye la Comunión en la mano lo hace solamente porque, al encontrarse en un país donde la Confe­rencia de Obispos ha decidido no seguir sus instrucciones al res­pecto, y las de su predecesor, no quiere oponerse a la Conferencia de Obispos y dar origen a posibles cismas por alusión al tema.

Según consta, el Santo Padre Juan Pablo II, al visitar Francia en la década de los ochenta, se negó a dar la Sagrada Comunión en la mano al entonces presidente de Francia, Giscard Destain y a su mujer, quien, antes del encuentro, abiertamente había anunciado que se enfrentaría al Papa, El Santo Padre no cedió, y su firmeza se vio reflejada en la te­levisión francesa.
 

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