¿No es nuestra la responsabilidad de fomentar a nuestros hijos y nietos la verdadera reverencia hacia la Eucaristía? Para los niños no es lo mismo ver, por ejemplo, cómo sus abuelos, a quienes tanto respetan, se arrodillan humildemente delante de Jesús Eucaristía, a verlos recibir "algo en la mano", de pie.
¿No somos también responsables de evangelizar y desparramar el amor y la palabra de Dios a todas las personas que todavía no han sentido el amor de Dios? Y, ¿qué mejor manera de desparramar amor que con nuestro ejemplo respetuoso, afectuoso, lleno de reverencia, cuando nos encontramos directamente delante de Dios en forma Eucarística? "
La psicología humana nos hace ver que cualquier cosa tocada por muchas personas se acaba volviendo fútil, banal, profana. Ya en el Antiguo Testamento, Dios pide, cuando se trata de los laicos, la prohibición de tocar todo lo que es sagrado. Solamente aquellos llamados a asistir lo sagrado quedan excluidos.
En los museos no se permite a las personas que toquen las obras de arte más valiosas (¡intenten tocar la Mona Lisa, el Diamante de la Esperanza o la Declaración de la Independencia sin permiso previo!), y los encargados de seguridad tampoco permiten que las personas toquen a los Presidentes (¡hagan la prueba de tocar a Clinton, Sch-roeder, Jelzin o Chirac sin permiso previo!). ¿Por qué entonces hay personas que aún insisten en tocar a Jesús Eucaristía, nuestro Dios y Salvador, sin que la Iglesia, con la mediación del Espíritu Santo, les haya concedido el permiso o el privilegio?
Cuando los laicos tocan la Sagrada Eucaristía, inconscientemente se la denigra al nivel de otra cosa u objeto bendito, a algo que acaba siendo banal . Por otro lado, la mente humana valora el acto de tocar la Sagrada Eucaristía con los labios como un acto de amor limpio y sagrado (un beso).